Clavar el final.
En mi opinión, hay dos momentos críticos en el desarrollo de
una obra: El inicio y el final. Sorprendente, lo sé. Uno pensaría que serían el
capítulo 7 y el 325, pero no, son el primero y el último. Fuera de bromas, creo
que ambos puntos son claves ya no desde un punto narrativo, sino desde un punto
ya más de concepción de la obra. Enfrentarse a la página en blanco antes del
primer capítulo, por mucho que hayas planificado de antemano, siempre es
aterrador. En menor medida, hasta a mí me pasa cuando voy a escribir el texto
semanal, y lo que hago es publicar 4 boberías a la semana, así que imaginaos si
hiciera algo mínimamente más serio. Pero más difícil que clavar el inicio, me
parece clavar el final. Con el inicio, aunque el principio no sea el más limpio
del mundo, si puedes poner a rodar la bola siempre cabe la posibilidad de que
remontes. Pero el final es una sola oportunidad, o lo clavas o es un desastre.
O bueno, así solía ser antes de que todo se convirtiera en una franquicia.
Hace unas cuantas semanas del final de The Boys, y no hay más que ver su final para darse cuenta de que lo
importante del final de una serie de renombre no es acertar con sus momentos
finales, sino tener claros cuántos spin-offs
podemos sacar de la misma una vez acabe. Vale que The Boys nunca logró recuperar esa chispa que tenía en sus primeras
2 temporadas, pero estaba en una buena situación para poder cerrar la serie por
lo alto. Y, sin embargo, decidieron que era más importante dedicar múltiples
líneas argumentales en la última temporada a hacer set-up a una precuela que nadie pidió, cargándose por el camino las
líneas narrativas de los personajes del spin-off
que ya tenían y decidieron cancelar a pesar del más que correcto recibimiento
que tuvo.
A fin de cuentas, es cierto que con el funcionamiento actual
de la industria del entretenimiento los “trajeados” no se preocupan de la
integridad de las obras siempre que den dinero. Pero en mi humilde opinión, eso
no debería evitar que las series tuvieran el mejor final posible. Es cierto que
Boku no Hero Academia ya va por dos
epílogos anunciados, y que no es improbable que tarde o temprano acaben sacando
una serie estilo Boruto de la
franquicia, pero al menos se cimentará sobre un manga/anime que tuvo su final
redondo. Lo mismo para la franquicia de Avatar:
The Last Airbender. Estoy seguro de que a los productores que decidieron
que la nueva película no se estrenara en cines no les importa lo más mínimo la
saga, pero también lo estoy de que los artistas que trabajaron en ella, y los
que ahora trabajan en la anunciada secuela, lo hacen con el mayor amor y
respeto posible por una de las mejores series de animación que existen. Y es
que las franquicias son como las tartas: Si aceleras la creación de la base
para poder disfrutar lo demás, al final lo único que conseguirás es que el
pastel se te desmonte.



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