El Mundial de los videojuegos.
Si me hubieras preguntado hace un par de semanas de lo que opinaba del estado actual de “lo que antes era el E3 pero ya no”, te hubiera dicho que yo ya estaba un poco quemado del tema, que ya no tengo ni el tiempo ni la energía para seguirlo. Pero este año me ha demostrado que me equivocaba. Mi problema es que todos los años quería ver cuantas más conferencias mejor, dedicando horas y horas a ver eventos que me aportaban entre cero y nada. Un poco como me pasa con el Mundial de fútbol, que igual hace 8 años tenía la energía para verme un Nigeria - Islandia pero ahora ya no tengo, igual que con las conferencias de videojuegos, ni el tiempo ni las ganas de ver todos los partidos. Y la solución para mí ha resultado simple en ambos casos: Si te centras en ver a las grandes potencias, es verdad que igual te pierdes alguna joya, pero a grandes rasgos llegas a ver todo lo importante.
Ver el State of Play
de Sony fue como ver jugar a
Argentina: el nivel medio es más que aceptable, pero claramente ves el evento
para ver al jugador estrella, God of War,
y a su escudero, Wolverine.
Claramente dos nombres potentes que por sí mismos te pueden tirar del carro,
pero un alto riesgo si no te funcionan. Un poco los Messi y Julián Álvarez de
esto.
Por otro lado, el Summer
Game Fest de Geoff se pareció un poco a la actual Brasil. Nombre por nombre,
claramente debería haber sido un evento eléctrico, y sin embargo cuando ha
tenido la “pelota” ha sido sorprendentemente plomizo, y ha dependido de las
individualidades de sus estrellas para sacarlo adelante. Eso sí, comparado a
los SGF de otros años, este se lleva
la palma de lejos.
La conferencia de Xbox,
en cambio, me recordó a ver un partido de Portugal. Un equipo con una calidad
media muy alta, pero que se ve lastrado por el que por nombre es su jugador
estrella (en el caso de la conferencia, el Call
of Duty). Y es que da igual cuánta magia hagas en la jugada si cuando llega
el momento de rematar sabes que va a rematar el de siempre como siempre.
Finalmente, la conferencia de Nintendo de este verano ha sido tan frustrante y efectiva a partes
iguales como ver jugar a Francia. Porque sabes que la calidad diferencial en
ambos casos la tienen, y en cambio se obligan a jugar defensivo para evitarse sustos.
Y con esto, en el caso de Nintendo, me refiero a que claramente tienen más pólvora
en el almacén, pero se coartan a sí mismos centrándose en enseñar y hablar
únicamente de juegos con una fecha de lanzamiento cercana. Como he dicho, una
estrategia frustrante y efectiva a partes iguales.
Al final, no sé si estas comparativas funcionan, o simplemente me estoy tirando un triple desde mi casa a ver si cuela. Pero lo que sí tengo claras son dos cosas: La primera es que, debido a centrarme en ver sólo las conferencias principales, este ha sido el No-E3 que más he disfrutado en mucho tiempo. Y la segunda es que he evitado nombrar a España (que a fin de cuentas son los únicos partidos del mundial que voy a ver seguro) por un motivo claro: Me niego a gafarlo.



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